La
aparición en las librerías de Sandman Mystery Theatre pudo verse casi como
una reacción ante una tendencia que amenazaba con cambiar de modo
irreversible nuestro concepto de lo misterioso y lo abominable. La
línea Vértigo había impuesto (o estaba imponiendo) una visión del
género que algunos no hubieran dudado en calificar de limitada: en
Vértigo lo misterioso era, casi siempre, lo sobrenatural. Y eso no
era ni bueno ni malo: era reduccionista. En fin, en 1993, a Vértigo
le faltaba, para convertirse en un auténtico catálogo de la
narrativa de intriga, una mirada clásica. Le faltaba una serie que,
aunque acabara planteando a veces soluciones no naturales, partiera
de presupuestos poco alejados de la realidad: una serie con policías,
ladrones, secuestradores…
Matt Wagner,
gran escritor, sacó del olvido el Sandman de Kirby y fabricó una
serie con los materiales del folletín de misterio clásico. Lejos de
la mirada posmoderna de un Neil Gaiman, Wagner apostó por el
homenaje directo a un espíritu, una creación y una época para
evocar un clima retro pero intensamente moderno, colmado de
referencias deliciosas - que Wesley Doods sea cliente del Algonquin
de Dorothy Parker es sólo una de ellas -. Varios dibujantes - Guy
Davis, John Watkiss, R.G. Taylor - han pasado por la serie en cada
uno de sus segmentos, y todos ellos han realizado un trabajo tan
reseñable como las magníficas portadas de Gavin Wilson y Richard
Brunning.
