Resulta
a menudo difícil hablar de una obra antes de que ésta haya
finalizado. El autor puede realizar una pirueta que cohesione todo el
conjunto o, por el contrario, pegar un soberano tropezón que ponga
en evidencia sus despropósitos. The Maxx, dibujado y guionizado por SamKieth, es un buen ejemplo de ello. Con dieciocho números publicados
y la promesa de que en el veinteavo episodio finaliza la primera
historia, The Maxx
es un rompecabezas de difícil solución. Abreviando, Maxx es un
enorme indigente vestido de superhéroe que tiene una doble vida en
una dimensión fantástica (The Outback) gobernada por la Reina
Leopardo quien, a su vez, en el mundo real es Julie, una estrafalaria
asistenta social que además es su única amiga. Mientras tanto,
Mr.Gone, un villano que viaja entre ambas dimensiones, les hace la
vida imposible ayudado por Lsz (unos bichejos con muy mala uva).
Dejando sueltos un montón de interrogantes: (¿Quién es Maxx
realmente?, ¿Es real el Outback?). Para darle emoción, Kieth
desenvuelve la complicada trama de modo patoso y confuso, introduce
personajes sin ningún objetivo definido y se va por los cerros de
Úbeda durante episodios enteros de rarezas petulantes (por no citar
las apariciones absolutamente injustificadas de otros personajes de
la escudería Image).
Y sin
embargo… Sin embargo, tiene sus momentos: escenas resueltas con
gran acierto, instantes realmente tiernos, un muy especial sentido
del humor consiguen que, a ratos, nos olvidemos del (¿la falta del?)
argumento. Los que conocían al Kieth chapucero de Sandmandescubrirán aquí un grafismo mucho
más completo, sensible y divertido, al que se le perdona el
ocasional exceso y que se beneficia, y mucho, de los colores de Steve
Oliff. Y, ¿quién sabe? A lo mejor hasta el final todo tiene
sentido…
Albert Monteys en Slumberland
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