
Es indiscutible que desde
que se encargara de fortalecer la imagen del singular Spiderman hace
ya unos añitos,
Todd McFarlane ha sabido hacerle un boca a boca al
éxito que aún hoy en día parece no haberse quedado sin oxígeno.
En
Spawn este autor ha optado por crear un particular
microcosmos dentro del universo Image, donde reinan el espeluzne
mefistofélico y la nocturnidad estrepitosa. A modo de descanso,
despecho artístico o dios sabe qué, McFarlane ha cedido las riendas
de la serie en varias ocasiones.
Reflejos es una de ellas.
A diferencia de anteriores veces, en las que autores de prestigio
como Neil Gaiman o Dave Sim rescataban el abandonado apartado
guionístico, aquí se olvidaba la obra por completo, pasando
Grant
Morrison (el abigarrado guionista escocés conocido por su loable
cometido en series como
Doom Patrol o
The Invisibles,
etc.),
Greg Capullo, Art Thibert y Dan Panosian a llevar a cabo la
ejecución de las contiendas de tan terca semilla del infierno.
Morrison, que tenía la ventaja de poder explayarse a lo largo de
tres números (Sim y compañía sólo contaban con uno por cabeza),
no hace más que alargar un ciclo de ingeniosos conceptos, que
presenta en la primera entrega de la saga, en la que parece funcionar
a pleno rendimiento (siempre consciente del ámbito superheroico y
editorial que le rodea), para estancarse posteriormente en estos sin
avanzar ni una pizca. Pese a todo, el nivel literario y la calidad
del argumento aumentan constantemente, ganando una consistencia e
interés infinitamente superior al que McFarlane expone en sus
momentos más lúcidos.
En cuanto a la tarea del equipo gráfico,
cabe resaltar los lápices de
Capullo, un dibujante que tiende a
distinguirse de la interminable hornada de clones de Jim Lee, aunque
aquí pierde toda identidad, víctima de las impulsivas tintas de
Panosian y Thibert.
Como punto final, reseñar
la gentileza de los muchachos de Planeta, que desplazan los tres
comic-books originariamente integrados en la serie regular a un solo
tomo para desasosiego del coleccionista metódico y necesitado.
Jorge Riera en Slumberland
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